Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido. Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

TAHAN, Malba: El reparto que parecía imposible

Hacía pocas horas que viajábamos sin detenernos cuando nos ocurrió una aventura digna de ser contada, en la que mi compañero Beremiz, con gran talento, puso en práctica sus habilidades de eximio cultivador del Álgebra.
Cerca de un viejo albergue de caravanas medio abandonado, vimos tres hombres que discutían acaloradamente junto a un hato de camellos.
Entre gritos e improperios, en plena discusión, braceando como posesos, se oían exclamaciones:
—¡Que no puede ser!
—¡Es un robo!
—¡Pues yo no estoy de acuerdo!
El inteligente Beremiz procuró informarse de lo que discutían. Y los hombres le contaron:
—Somos hermanos —explicó el más viejo— y recibimos como herencia esos 35 camellos. Según voluntad de mi padre, me corresponde la mitad, a mi hermano Hamet Namir una tercera parte y a Harim, el más joven, sólo la novena parte. No sabemos, sin embargo, cómo efectuar la partición y a cada reparto propuesto por uno de nosotros sigue la negativa de los otros dos. Ninguna de las particiones ensayadas hasta el momento ha ofrecido un resultado aceptable. Si la mitad de 35 es 17 y medio, si la tercera parte y también la novena de dicha cantidad tampoco son exactas, ¿cómo proceder a tal partición?
—Muy sencillo —dijo el Hombre que Calculaba—. Yo me comprometo a hacer con justicia ese reparto, pero antes permítanme que una a esos 35 camellos de la herencia este espléndido animal que nos trajo aquí en buena hora.
En este punto intervine en la cuestión:
—¿Cómo voy a permitir semejante locura? ¿Cómo vamos a seguir el viaje si nos quedamos sin el camello?
—No te preocupes, bagdalí —me dijo en voz baja Beremiz—. Sé muy bien lo que estoy haciendo. Cédeme tu camello y verás a qué conclusión llegamos.
Y tal fue el tono de seguridad con que lo dijo que le entregué sin el menor titubeo el camello que, inmediatamente, pasó a incrementar el grupo que debía ser repartido entre los tres herederos.
—Amigos míos —dijo—, voy a hacer la división justa y exacta de los camellos, que como ahora ven, son 36.
Y volviéndose hacia el más viejo de los hermanos, habló así:
—Tendrías que recibir , amigo mío, la mitad de 35, esto es: 17 y medio. Pues bien, recibirás la mitad de 36 y, por tanto, 18. Nada tienes que reclamar puesto que sales ganando con esta división.
Y dirigiéndose al segundo heredero, continuó:
—Y tú, Hamed, tendrías que recibir un tercio de 35, es decir, 11 y poco más. Recibirás un tercio de 36, esto es, 12. No podrás protestar, pues también sales ganando en la división.
Y por fin dijo al más joven:
—Y tú, joven Harim Nair, según la última voluntad de tu padre, tendrías que recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro. Sin embargo, te daré la novena parte de 36, o sea, 4. Tu ganancia será también notable y bien podrás agradecerme el resultado.
Y concluyó con la mayor seguridad:
—Por esta ventajosa división que a todos ha favorecido, corresponden 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado —18+12+4— de 34 camellos. De los 36 camellos sobran por lo tanto 2. Uno, como saben, pertenece al bagdalí, mi amigo y compañero; otro, es justo que me corresponda por haber resuelto satisfactoriamente el complicado problema de la herencia.
—Eres inteligente, extranjero —exclamó el más viejo de los tres hermanos—, y aceptamos tu división con la seguridad de que fue hecha con justicia y equidad.
Y el astuto Beremiz —el Hombre que Calculaba— tomó posesión de uno de los más bellos camellos del conjunto, y me dijo, entregándome por la rienda el animal que me pertenecía:
—Y ahora podrás, amigo mío, continuar el viaje en tu camello, manso y seguro. Tengo otro para mi especial servicio.
Y seguimos camino hacia Bagdad.
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Malba Tahan
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Extraído de El hombre que calculaba. Barcelona, Vosgos, 1976.
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Julio César de Mello y Souza, (en Portugués Júlio César de Mello e Souza), (Queluz, 6 de mayo de 1895 - Recife, 18 de junio de 1974). Profesor y escritor brasileño, conocido por sus libros sobre las ciencias matemáticas que han deleitado, y deleitan en forma recreativa, enseñando tanto a grandes como a chicos. Escribió bajo los pseudónimos de "Malba Tahan" o como él mismo lo escribiera "yo, el-hadj jerife Ali lezid lzz-Edim ibn Salim Hank Malba Tahan" y "Breno de Alencar Bianco", para lograr tal vez mayor atención, en su país de origen, hacia su obra didáctica, sus libros se han traducido en varios idiomas, por lo cual el maestro ve logrado su cometido en difundir el apego hacia las matemáticas. En cierta ocasión uno de sus biógrafos aseveró acerca del profesor: 'Es el único profesor de matemáticas que a llegado a ser tan famoso como un jugador de fútbol' .
El ilustre maestro escribió 69 libros de cuentos y 51 de matemáticas y otros temas. En 1995 se vendieron más de dos millones de copias de sus publicaciones. Uno de sus libros más famosos es titulado: "El Hombre Que Calculaba", donde el maestro parecería esgrimir su fascinación por la cultura árabe, inculcando las matemáticas mediante la narración de la interesante y casi prodigiosa vida del calculador Beremiz Samir, quien a su vez nos embelesa con sus cuentos llenos de enredos y problemas matemáticos. Este libro alcanzó su 54ª edición en el año de 2001.
El Maestro Mello y Souza es conocido por haber realizado una investigación tenaz y profunda así como fructífera, en la que también aparecen trabajos sobre la historia y geografía; especialmente sobre el imperio
Islámico, lo cual se hace bien presente en varios de sus libros. Él no viajó mucho afuera de su país natal, sin embargo visitó Buenos Aires, Montevideo y Lisboa pero jamás sentó pie en los desiertos o ciudades árabes que tanto se afanó por describir en sus obras.
El profesor se dedicaba a criticar asiduamente los métodos de enseñanza brasileños, especialmente aquellos utilizados en la instrucción matemática. Solía decir "El profesor de matemáticas es un sadista, que ama hacer todo lo que es complicado como posible". En educación, él estaba muchas décadas más avanzando que los educadores de su propio tiempo, por lo que a pesar del paso del tiempo, sus propuestas siguen siendo vigentes y siempre son causa de admiración, aunque parece ser que no se han llevado mucho a la práctica. De cualquier forma, El señor Julio César Mello y Souza, recibió muchos galardones, entre los cuales figura, el prestigioso premio que le confirió La Academia Literaria Brasileña. Él también fue miembro honorario de la
Academia Literaria Pernambuco. Por una legislatura estatal de Río de Janeiro se determinó que el día de su onomástico, 6 de Mayo, sea conmemorado como el "Día del Matemático" En sus memorias, publicadas bajo el título: "Acordaram-me de Madrugada" ("Me levantaron de madrugada") y en sus grabaciones archivadas en el "Museo de la Imagen y el Sonido (MIS)", en Río de Janeiro. El maestro ha dejado grabadas para la posteridad las notas de su propia existencia. Parece ser que siempre fue muy humilde; en las postrimerías de su vida pidió ser enterrado muy modestamente y sin mucha ceremonia. Para hacerse entender más aún se refirió a los versos de Compositor Brasileño Noel Rosa:


"Los vestidos negros son vanidad
para quienes visten de fantasía
mi luto es la pena
y la pena no tiene color."

1 comentario:

Verónica Soto dijo...

¨El hombre que calculaba¨ es excelente! Y sólo conocí a su autor ya viviendo en Brasil...buena elección, como siempre.