Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido.
Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

jueves, 25 de febrero de 2010

LAS PASTILLAS DEL ABUELO: Perdido



Hoy les voy a contar
un poco mi forma de ser,
la terrible facilidad
que tengo yo para perder.
Pierdo la ropa y pierdo apuestas,
en pocas copas pierdo lo que llevo a cuestas,
pierdo vergüenza cuando estoy con mis amigos,
cuando canto pierdo el hilo
de lo que debo cantar,
perdí el pudor, perdí mil noches frente al mar.

.
Perdí alegria, y a la vez perdí inocencia,
refugiándome en los libros
me sirvió para entender
que a mucha gente no le importa la miseria,
que solamente les interesa el poder.
Perdí la fe en la democracia
cuando ya no me dio gracia
ver que manejan los hilos de la nación
los que tienen un dólar como corazón.

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Perdí tiempo y dinero
perdí el fuego, perdí el celo,
perdí el vuelo, perdí el arte de soñar,
algunas noches pierdo un recuerdo,
pierdo la cuenta ya de todo lo que pierdo.
Pierdo la voz de la conciencia
entonces quedo hablando solo
me pierdo de polo a polo en encontrar
alguien con quien
poder reír, poder llorar.

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Y tengo suerte
de no haber perdido un diente,
refugiado en aguardiente
nunca sé cuándo parar,
pierdo la vida en una vuelta de ruleta,
pierdo la bocha por hacer una de más,
y me hundo en el primer surco profundo
perdiendo de nuevo el rumbo
del caballero que fui,
y ella perdió los dientes que yo no perdí.

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Pero una noche,
de esas que creí perdidas,
jugando a las escondidas
con el amor me encontré,
y así fue que me robaron algo valioso,
estoy agonizando y le quiero pedir
por dios que usted busque por mí
a esa mujer que me robó
de una mirada mi sensible corazón,
no puedo ir yo
porque perdí su dirección.

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