Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido. Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

viernes, 19 de marzo de 2010

BENEDETTI, Mario: Mucho gusto

Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
—No crea que es algo tan estupendo —dijo el Flaco—, también hay momentos de profundo desamparo en lo que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor amigo y le dije: “Mirá, esto no sirve, pero comprenderás que para mí es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar". Y me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
—Oiga, don —dijo sin pestañear—, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chávez, viajante de comercio —y le tendió la mano.
—Mucho gusto —dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos—, Franz Kafka para servirle.
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Mario Benedetti
(Uruguay, 1920/2009)

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Franz Kafka (Praga, 1883/Austria, 1924) sólo publicó algunas historias cortas durante toda su vida, una pequeña parte de su trabajo, por lo que su obra pasó prácticamente inadvertida hasta después de su muerte. Antes de que se lo llevara la tuberculosis, formuló el deseo de que se destruyeran sus páginas escritas. Max Brod, amigo y albacea, no cumplió esa voluntad. Esa “traición”, tan clara pero tan contradictoria, fue la que nos permitió leer a Kafka. Así conocimos "La metamorfosis", "El proceso", "El castillo", "América", la "Carta al padre". La traición a un amigo terminó siendo un regalo literario inmenso para la humanidad.

2 comentarios:

Sol - Imaginario Desesperación dijo...

Un cuento brillante de Mario.
Que hubiese sido de nosotros sin Max Brod..

alex dijo...

muy buen blog, un gran aporte
interesante esta historia
saludos!