Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido. Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

miércoles, 25 de agosto de 2010

HUERTA ORIHUELA, Antonio: Sonrisa de Amélie


Ayer te vi en Le Moulin tras la barra,
con esas gafas moradas que tanto me gustan,
con tu cara de no haber roto un plato
salvando dificultades entre descafeinados y cañas.
Estabas preciosa con aquella falda naranja
y con el pelo corto despeinado,
no lo sabías pero en aquel momento supe que eras tú:
quien miraba absorta a la ciudad a través de su ventana,
y sonreía al imaginar a sus vecinos echando un polvo después comer,
eras la que velaba por la integridad de sus amigos,
la que insultaba en público a su perra lola
y después a escondidas se la comía a besos,
eras la que se quedaba dormida
escuchando su día libre de quique gonzález.

Imprescindible en mi vida de poeta,
incalculable tesoro que amo todas las noches en
cada uno
de
mis
sueños.
Lástima que nunca llegaré a ser Nino,
nunca sabré el sabor de tus besos en la comisura de mis labios,
en mi cuello o en los párpados de mis ojos,
jamás te llevaré al trabajo en mi motocicleta
ni te susurraré te quiero al llegar a casa.

Aún así me conformo.

Me conformo con saber que andas dibujando mis versos
en cada una de las paredes de este peculiar mundo.


Antonio Huerta Orihuela

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pájaros incendiados


Soy la única en tu camino,

la última amante en cada último instante

de cada final de tu día.

Soy quien enciende la hoguera

con hojitas secas de laurel y eucaliptus

y tú sabes que sólo yo sé hacerlo

justo cuando echo a volar

las flores de tu sexo.


No se escapa nada de tu piel

todo queda atrapado en los poros

de la mía,

y volamos juntos

como pájaros incendiados

floreciendo después en el orgasmo,

así en cada día ,

y nuevamente vuelvo

a ser la única

con esta milenaria llamarada

dibujada en nuestro lecho.


stella maris taboro

Anónimo dijo...

Los desencuentros, dejan sabor a amargo,
es como sentir las manos vacías,
y una voz que flota sin alcanzar ningún oído.
Unas varias gotas de limón en la herida,
Luz enceguecedora que impide ver.
Un cuerpo a que le falta algo de aire,
una mirada desconcentrada.
Quedarse sin brújula ,
desorientado como pájaro sin cielo,
confundido así como pez sin agua,
como mariposas sin jardín.
Sentir que la nada se agranda,
que nos desvistieron sin quererlo.
Desencuentros que se llenan de preguntas
y nada de respuestas,
pero nace la ilusión de un telar de ideas,
por lo que será el encuentro próximo...

STELLA MARIS T.