Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido. Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

jueves, 24 de octubre de 2013

GALEANO, Eduardo: Lord Chichester


En una playa de estacionamiento de las muchas que hay en Buenos Aires, Raquel lo escuchó llorar. Alguien lo había arrojado entre los autos.
Se incorporó a la casa, se llamó Lord Chichester. Tenía poco de nacido y ya era desteñido y cabezón. Quedó tuerto después, cuando creció y se batió en duelo de amor por la gata Milonga.
Una noche, cuando Raquel y Juan Amaral estaban sumergidos en la más profunda de las dormidumbres, unos feroces chillidos los hicieron saltar de la cama. Chillaba Lord Chichester como si lo estuviesen desollando. Cosa rara, porque él era feo pero callado.
-Algo le duele mucho -dijo Juan.
Siguiendo los chillidos, llegaron al fondo del corredor.
Raquel aguzó el oído y opinó:
-Nos está avisando que hay una gotera.
Deambularon por la antigua casona hasta que ubicaron el clip-clap de la gotera en el baño.
-Ese caño siempre perdió -dijo Juan.
-Se va a inundar -temió Raquel.
Y discutieron, que sí, que no, hasta que Juan miró el reloj, casi las cinco de la mañana, y bostezando suplicó:
-Vamos a dormir.
Y sentenció:
-Lord Chichester está loco de remate.
Ya estaban por entrar al dormitorio, perseguidos por los chillidos del gato, cuando el techo, viejo y agrietado, se desplomó sobre la cama.

(Uruguay, 1940)

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