Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido. Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

viernes, 25 de abril de 2014

NIEL, ALBERTO: Divagaciones sobre una palabra


La señora Raquel Diez Rodríguez de Albornoz, grande y veterana amiga mía, publicó en su sección “Oral y Escrito”, un jugoso comentario acerca del término “boludo” y sus derivados, evidenciando una vez su sapiencia lingüística, su valentía para encarar tabúes de otrora con la altura y amenidad que caracterizan a su estilo periodístico, que hacen fácil lo difícil e instruyen con una sonrisa.
Como este tema siempre me interesó quiero aportar algo para su enriquecimiento. En mi libro “Divagaciones, semblanzas y otras yerbas” agarro el toro por las guampas de la siguiente manera:

“La palabra boludo, con su femenino, plurales y derivados se ha transformado en una muletilla. Ha llegado a hacerse tan usual y familiar que ha perdido gran parte de su carácter ofensivo original para transformarse en un lugar común, un adjetivo pintoresco que identifica a los argentinos tanto como el che.
“Pero aclaremos: cuando se lo utiliza de una manera enfática es para agredir, especialmente si va acompañado con el típico ademán característico e inconfundible que lo identifica, adquiriendo su real dimensión significativa. Este uso regional y habitual seguramente llevará a que se lo acepte en un futuro próximo en la normativa porque expresa con propiedad un sentimiento típicamente nuestro.
“Como podemos apreciar a continuación, no cualquiera lo es; ni hace boludeces. Requiere ciertos requisitos. Ante todo pongámonos de acuerdo acerca de qué entendemos por boludo, intentando una identificación precisa. Un boludo es un espécimen típicamente argentino. No es un tonto ni un estúpido ni un ido ni un abombado ni un zonzo ni un opa ni un oligofrénico ni un mentecato (que es un tonto de capirote de la presunta Madre Patria ¡o Matria!).
“Un boludo es una persona aparentemente normal, vale decir, como todo el mundo, pero desubicado en el tiempo y en el espacio; un inoportuno, que habla cuando no tiene que hablar y que no sabe, no puede o no quiere defender las cosas que valen la pena, y un indiscreto que cuenta cosas que debería reservar dando imprudentemente argumentos y armas a quien lo puede joder.
“La boludez no tiene prácticamente solución. Se nace, vive y muere boludo. Y lo peor que puede hacer es tratar de avivarse, porque no hay nada más peligroso, destructivo y desagradable que un boludo que se supone avivado. Recientes estudio de ingeniería genética han demostrado fehacientemente que es una enfermedad genética, frecuentemente hereditaria, lo que ya se sospechaba, puesto que existen familias de boludos.
“Se descubrió que un par de cromosomas, en lugar de ser XX eran robustos cuerpos ovoides, encerrados en un saco piriforme, más bien escrotoide porque tenía más forma de escroto que de pera. No cualquiera es un boludo integral. Además del gen característico tiene que hacer méritos, ser un perfecto “catrasca” como el pato criollo (cagada tras cagada). Reunidos en comunidad hasta podrían organizarse corporativamente, tener su obra social, su caja mutual y aplaudir a los gobernantes de turno, como lo hace algún centro de jubilados masoquistas y alguna central obrera. Sería cuestión de pensarlo”.

Por ALBERTO NIEL

(Diario “El Litoral”, Santa Fe, sábado 2 de mayo de 1998)