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sábado, 14 de junio de 2014

CURBELO, Facundo: El director


Disculpe la demora, pero me acababan de llamar para una reunión, hice todo lo posible para salirme enseguida, y no le miento, pero tengo habilidades para esos asuntos, ¿me recuerda su nombre?, Sebastián, es cierto, por favor pase por aquí, Sebastián, esta sala siempre está vacía, la verá un poco sucia, no repare, ahí tiene una silla, esa misma.
Bueno, debo decir que lo primero que llamó mi atención, naturalmente, es que hemos sido ilustrados en la misma facultad, lo cual le otorga, diría, cierto prestigio, y por qué no decir, también, en lo que a usted podría interesarle, varios puntos a su favor, además de la exaltada recomendación que ha hecho un colega mío sobre su persona, un amigo de estos afanes, que por cierto, mucho peso tiene.
Enhorabuena, y sin más preámbulos ni palabrería, aunque usted sepa, tan bien como yo, que de eso vivimos, a eso nos dedicamos, aunque no desde un punto negativo, como ciertamente, y ya todos lo sabemos, se ha instalado en el inconsciente colectivo, ¿no?, el de imaginarnos de cháchara en cháchara, y qué bajeza, con qué crueldad se nos ha catalogado hoy, como si nuestras palabras carecieran de cuerpo, como flotando en los aires, sin fundamentos, sin convicciones; pero me urge indagar, sin rodeos, y a merced de una sincera respuesta de su parte, qué se le ha dado por dedicarse a estas ciencias, aunque muchos todavía cuestionan si de ciencia se trata, o quizás de alguna rama deteriorada del arte, o simplemente una técnica avanzadadescendiente de los primeros filósofos griegos, pero sin ser el meollo de la cuestión, bien sabemos que administrar a la polis no constituye en sí mismo un arte, y aunque se baste del uso de técnicas, tampoco es una en sí misma, por lo tanto nos deja, sin mejores confirmaciones, en presencia de una ciencia, en el mejor sentido de la palabra. Ah, sí, entiendo, su padre, sí, la cuestión familiar prima en estos casos, ¿por eso ha conseguido su puesto anterior?, le ruego no me juzgue por la interrogativa, no queremos caer en nepotismos caprichosos y bien tergiversados, no es más que una simple y humana reflexión, para conocernos un poco mejor.
Usted se preguntará, y con todo derecho, en qué consiste nuestra búsqueda de personal, sobre la que le ha llegado información y, ciertamente, limitada a un ínfimo círculo social, y por qué no decir, bajo un manto de recelo y sobriedad, para no caer en el uso inapropiado de la palabra reserva, dado que este vocablo nos deja, como pocas veces ocurre, con una limitante que usted comprenderá con el transcurso de los minutos, y no es que considere propia esta actitud de misterio, sino, más bien, resulta de muchos menesteres explicar, con un lenguaje fácil y accesible, haciendo uso de una elocuencia, que, por mi parte reconozco no tener, pero no así nuestro máximo representante del partido, el doctor, líder y soberano del sillón ejecutivo y los buenos discursos, las desazones que nos llevaron a tomar la decisión de una reunión con el motivo que hoy nos ocupa.
Verá usted,  lo he considerado luego de evaluar su trayectoria académica, egresado en ciencias políticas, con maestría, cum lauden, estrellas, estrellitas y excelentes, porque considero que usted no posee, como sería lógico pensar, el don de la oratoria y la retórica sofista, como dejaba asentado hace segundos nada más, y que sí posee nuestro líder partidario, y a quien yo, desde mi humilde posición trato de seguir, sino más bien, todo lo contrario, usted, Sebastián, ¿verdad?, posee un uso noble de su hemisferio norte, diferente al común denominador de los simpatizantes de nuestro partido, y es por no faltar a los eufemismos que me refiero al uso racional de la inteligencia, porque , todos sabemos, no solo se trata de tenerla, sino de usarla. Y a partir de esto es que obtengo mi punto de inflexión y reflexión, verá, necesitamos su don para estos asuntos, necesitamos de su estrella guiando nuestros continuos naufragios mar adentro, un mapa que ubique a nuestros militantes en un cuándo, dónde, y cómo, para que puedan aportar y acompañar con sus más sinceras expresiones de afecto y compañerismo correligionario en cada uno de los discursos de nuestro máximo líder, nuestra figura presidencial. Por consiguiente, entenderá usted, Sebastián, que su tarea será, entre las más arduas y estrictas descripciones que a mi mente vienen, la de guiar, dirigir, acompañar, celar, encauzar, asentir y castigar, en los sentidos que usted pueda imaginar, la fiel diligencia de nuestros militantes del partido, puesto que, por sí solos, no pueden ni deben asistir a los actos de nuestro líder, conociendo que son como ovejas sin pastor, como novatos ruteros sin la calmante voz guía de ungps. Es así bien que, dadas las descripciones, su puesto será el de director, y me alegra que aflore esa sonrisa, porque lo veo más que calificado para este puesto, pero aquí no termina, nunca termina, porque las funciones gubernamentales son como la cinta de moebius, en la que nunca encontramos un principio, y mucho menos un final. Como decía, usted deberá asistir en cada acto presidencial para hacer las veces de candil que arroja claridad en la densa oscuridad que abriga a nuestros camaradas, y vea cuán amplia es la terminología que utilizamos en nuestro partido, para evitarles la tediosa tarea de pensar, rama donde usted, como le dije en un comienzo, posee suficientes pericias y peripecias. Pero para construir una casa es necesario empezar por los cimientos, por lo cual me tomo el atrevimiento de empezar las cosas por donde se deben, subir la escalera desde el primer peldaño.
Usted recordará, sin mayor esfuerzo, el último discurso de nuestro líder desde el balcón presidencial, ciertamente, me atrevo a decir, una maravilla de la retórica. Nuestros militantes aplaudían y festejaban las glorias del gobierno valiéndose de la ayuda expresiva de nuestro líder, que cada vez que levantaba la voz acentuando un número, grandioso entre las metas alcanzadas por el gobierno y superadas con creces, la gente estallaba en algarabía y júbilo desmesurado. Así fue cuando anunció el aumento del subsidio para la población que tiene la angustiosa desdicha de no trabajar, nuestros militantes estallaron en aplausos, lo mismo ocurrió cuando exaltó la culminación de aquellas tan largas obras faraónicas que hoy embellecen el centro de nuestra ciudad, no hubo quien no haya aplaudido y agradecido con gozo renovado, pero, también recordará, que la gente festejó con desmanes cuando nuestro líder, en un error involuntario y naturalmente humano, elevó demasiado la voz al decir que había aumentado el coeficiente que mide la distribución de las riquezas, y que, como todos sabemos, constituye un mal grave para el país, ya que la masa grande del dinero se ve concentrada en pocas manos. No se olvide de que nuestro gobierno aboga por las minorías, con escasos recursos, porque en ellos está la seguridad de nuestro próximo mandato. Afortunadamente la prensa nunca se percató de que nuestros militantes hayan festejado un número negativo del gobierno, que, en realidad, no hubo un error sino tres ese día, y otros, varios más, días anteriores, y si la memoria no me falla, días posteriores.
Es por eso, compañero, y sin perder el hilo de nuestra madeja, que nuestra búsqueda de personal se circunscribe a la de un director, pero no cualquier director, sino un director de aplausos, y no se extrañe, verá, lo delata la ceja izquierda que se eleva, le decía, es mucho más común en los países de lo que cree. La única forma de que un gobierno prospere es conociendo lo que la gente quiere, pero para eso la gente tiene que saber lo que quiere, y por eso estamos nosotros, para guiarlos, para avisarles que las expectativas que ellos mismos esperaban ya fueron cumplidas. Usted elegirá la forma de dirigir al público en los aplausos, lo dejo a su criterio, lo importante es no cometer errores, ya sabe cómo es la prensa, solo tienen letras y voces para hablar mal, si es que se dan cuenta, claro, además, nuestros militantes no son, como se dice, gente ilustrada, y mucho menos con grandes pretensiones, en su mayoría asisten a estos encuentros y actos con un poco de incentivo oficial, gastronómico o pecuniario, da igual. Ah, y por el sueldo, no se preocupe, recuerde que tenemos mayoría en el congreso y este gasto ya fue presupuestado, incluye asistentes y colaboradores, delo por aprobado.
Habidas cuentas podría decirse que usted es de hablar poco, y me ha dejado la verborragia toda para mí, pero noto una sonrisa de satisfacción en su rostro, lo cual me lleva a pensar en que le ha interesado mi propuesta. Tengo que serle franco, usted me cae bien, y mejor aún, me quita un gran peso de encima, porque en el partido nos gusta que las cosas queden en familia, y como le dije, usted ha sido muy recomendado por un gran amigo mío y de la causa.
Bueno, está todo dicho, venga esa mano y lo espero el lunes.

Facundo Curbelo
(Rafaela, 1982)

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