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jueves, 16 de agosto de 2018

GIARDINELLI, Mempo: El oso marrón


Mi papá me contó una vez esta historia, que yo repito como me la acuerdo.
Digamos que el tipo se llama Pat y es un granjero de New Hampshire, en los Estados Unidos, al que le gusta cazar osos. Desde hace años está empecinado en encontrar y abatir a un enorme oso marrón al que en la comarca todos llaman Sixteen Tons, que quiere decir Dieciséis Toneladas.
Lo ha buscado y esperado innumerables fines de semana, lo ha perseguido con perros, rastreado durante infinitos días con sus infinitas noches, y, en cada regreso frustrado, porque nunca ha dado con él, no ha hecho más que renovar su ansia de matarlo.
Sabe dónde, de qué y cómo se alimenta Sixteen Tons, qué costumbres tiene, por qué senderos anda. Pero jamás se topa con él, que evidentemente es un oso más astuto que Pat y que todos los cazadores de la región.
Durante los últimos tres años, obsesionado, el cabezadura de Pat no ha hecho otra cosa que soñar su encuentro con el inmenso animal. Se ha comprado un rifle de alta precisión y mira telescópica, ha planificado paso por paso la cacería por los bosques de New Hampshire y hasta ha soñado el instante del disparo que liquida al gigantesco oso marrón, pero siempre algo le salió mal.
En la cuarta primavera, que parece que es la única temporada de caza autorizada, un amigo camionero lo cruza al costado de la carretera que bordea las colinas boscosas que van de Lyme a Lebanon, dos pueblitos todavía cubiertos de nieve. Observa que Pat está llorando desconsoladamente junto a su camioneta y se detiene. Pero enseguida se da cuenta de que ninguna desgracia ha sucedido y, como sabe de la obsesión de Pat, con ligerísima ironía le pregunta si se trata de una nueva frustración, si es que tampoco esta vez ha podido dar con el oso marrón.
Pero Pat responde que no con la cabeza, y alcanza a decir que esta vez sí lo ha encontrado.
Y en cuanto lo dice se suelta a llorar más intensamente y se suena los mocos en un sucio pañuelo. Y mientras el otro baja de su camión, Pat señala la cajuela de su camioneta y dice que llora porque le han sucedido dos cosas terribles, simultáneamente: la una es que finalmente ha dado muerte a Sixteen Tons; y la otra es que acaba de darse cuenta de que había llegado a querer tan entrañablemente a ese oso que ahora se siente un miserable.

(Argentina, 1947)


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