Hemos dejado a muchos amigos en el camino.
Muchos de nuestros héroes han muerto en manos indignas.
Han asesinado a los más queridos referentes.
Los han fusilado en paredones
metiéndoles una bala en el culo,
quemándolos vivos en fosas comunes,
en hogueras,
en cámaras de gas,
en magníficas páginas de desamparo.
Cuántos poetas, filósofos, músicos, cuántos panaderos
y basureros y médicos y pintores
y albañiles y silenciosos profetas
han muerto así.
Hemos visto morir a nuestros hijos.
Los hemos visto agonizar.
Hemos hablado con su muerte,
con dios,
con tantos santos y, sin embargo,
nos han negado todo,
nos han quitado todo.
Lo han hecho bajo tantos nombres
que identificar a un culpable
es una tarea imposible.
Veremos morir a muchos más.
Tal vez nosotros moriremos
y otros escribirán los poemas,
otros harán justicia,
otros se levantarán cada mañana y vivirán.
Pero sabemos que es la única manera,
escribir y hacer justicia.
si esquivamos el camino,
si evitamos subir ciertas colinas,
trepar determinados árboles
o cruzar a nado algunos diques,
es posible que en la renuncia
estén esperando todos nuestros enemigos.
Sigamos amándonos en este pantano de contradicciones.
Sigamos dándonos la mano en la calle,
besos en los trenes y abrazos en la hierba.
Sigamos vistiéndonos de mujeres,
vistiéndonos de hombres.
Sigamos perdonando y amando,
y no nos apartemos del lento y efectivo trabajo del amor…
aunque suene cursi.
Lo cierto es que hay cosas que han dejado de ser obvias.
(La Falda, Córdoba, 28 de enero de 1982)
Escritora, actriz y dramaturga argentina


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