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lunes, 13 de febrero de 2012

TEXTOS GANADORES CONCURSO LITERARIO 2011: FABIO TRONCOSO


Exilio hacia el seguir del viento

(Primer Premio Cuento Breve)


Sucias butacas que acogen un vaivén de gemidos silenciosos y frases vacías en péndulo, repugnante alfombra, condenada a cargar con las más impías cosas, ambas cosas estrangulan la luz de los reflectores.

¡Bienvenida, toma asiento en la butaca 22, las demás están ocupadas por el vacío!

Mientras las pálidas y frías manos jalan de las sogas de ambos lados del escenario, el emparchado y deshilachado telón, muestra las mascaras que están arriba. Una simboliza la tristeza y la otra felicidad, la cual sólo puede verse del lado izquierdo, porque la mala ubicación de éstas, hizo que el telón la opaque.

Aparece en escena, un hombre vestido de blanco hasta los zapatos, con la máscara de la tristeza y otra persona vestida completamente opuesta con la máscara del… ¿horror?, la cual es asesinada por el sujeto de negro.

Es un teatro mudo, los actores se levantan y saludan al público. Te saludan, acabaron de interpretar “Los puñales hablan más que palabras”.

Se cierra el telón y luego se abre.

Sale el actor con la máscara de la tristeza, esta vez vestido negro, se tambalea, se oyen murmuros muy leves, casi ni se escucha, como si estuviera soñando.

Esta vez posee una galera gris, una vara con punta, bastante extraña, color plateado.

Toma una capa, la coloca unos varios centímetros arriba de su galera. Está completamente cubierto por ésta, no se ve.

De pronto y en menos de un instante, deja caer la capa y él ya no existe.

Acaba de realizar un acto de desaparición, denominado “El silencio”, ¿ves las hilachas por el aire?

Mira hacia el piso, ese trozo de tela oscura es…, obvio que yace oscuro bajo los suelos.



* * *


Un bisturí sobre la carta

(Segunda Mención Poesía)


Como fría manos que cosechan la angustia y el dolor que me has dejado,

Hoy cierro mis ensangrentados puños,

Ante la torre de la encadenada bestia que habita en mis pesadillas, ese súcubo eres tú.

Pienso sucumbirme a enfrentarte otra vez,

Debido a que la fría hoja que atravesó tu corazón,

forza entristecer el mío,

E hizo que mis sentimientos sufrieran el martirio de enfrentarse en mi mente,

Lo que provocó que el fulgor de mis lujuriosos ojos se apaguen.

Los yacimientos de tus sueños que comenzaste a construir

En mis esperanzas perdidas, yacen hoy en escombros…

Mientras admiro cómo eres tragada

Y consumida lentamente por el engaño, que me has causado.

Necio ante ésta situación, un recuerdo escapa de la tortura,

Cuando en los días en que yo te amaba, el sol brillaba ante nuestros ojos.

Hoy, ese día está naufragando en un océano de papel,

Junto con cálidas y húmedas gotas de sangre en la gruta del olvido…

Aunque ya no puedo traer el ayer. Hoy, sólo quiero besar

Tus rústicos labios vidriados cubiertos de fina seda.

Para alivianar mi orgullo y mí angustia. ¡Adiós! ¡Tanto tiempo!

¡No te olvides de tu corazón! ¡No lo dejes aquí conmigo!...

En la luz, e incluso en la oscuridad, recuérdame por siempre.



FABIO TRONCOSO

E.E.M.P.A. Nº 1251 "Emilio Cayetano Atorresi" (Carcarañá - Santa Fe)

domingo, 12 de febrero de 2012

KAVAFIS, Constantino: Las ventanas


En estas oscuras piezas, donde paso
días agobiantes, voy y vuelvo arriba abajo
para hallar las ventanas. -Cuando se abra
una ventana habrá un consuelo-.
Mas las ventanas no están, o no puedo
encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.
Acaso la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.

Constantino Kavafis
(Egipto, 1863/1933)



jueves, 9 de febrero de 2012

SPINETTA, LUIS ALBERTO: Tema de Pototo


Para saber cómo es la soledad
habrás de ver que a tu lado no está
quien nunca a ti te dejaba pensar
en dónde estaba el bien
en dónde la maldad.

La soledad es un amigo que no está,
es su palabra que no ha de llegar igual.
Si es que sus sueños son luces en torno a ti,
tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
nunca ha de morir.

Al observar cómo muere la flor
tú verás que también muere la paz,
es que esa paz revivirá en su voz,
la flor te la dará para plantarla igual.

La soledad es un amigo que no está,
es su palabra que no ha de llegar igual.
Si es que sus sueños son luces en torno a ti,
tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
nunca ha de morir.

Para saber cómo es la soledad
habrás de ver que un amigo no está...

Luis Alberto Spinettta
"Almendra"
(Argentina, 1950/2012)

viernes, 27 de enero de 2012

EDUCA RAFAELA: Entrevista a LEER PORQUE SÍ


Por Claudia Manera el 27/01/2012 08:28:49 p.m. http://www.rafaela.gov.ar/educacion/Sitio/

Ante la cantidad de información que recibimos a diario, hay correos que eliminamos y otros a los que marcamos con alguna etiqueta para leerlos más tarde, porque sabemos que nos deparán alguna sorpresa, algún placer y en definitiva, porque como dice el nombre del proyecto que queremos compartir con ustedes, los guardamos para leerlos porque sí.
Transcribimos una entrevista a Sergio Fassanelli, profesor en Letras y docente en la Escuela de Enseñanza Media para adultos Nº 1007 "LIBERTAD" (E.E.M.P.A. 1007) quien lleva adelante un experiencia literaria en diálogo con la tecnología realmente interesante.
EducaRafaela- Sergio, cómo interviene el blog en tus clases de literatura....
Sergio- En realidad el taller LEER PORQUE SÍ es, esencialmente, lectura por placer, por lo que las lecturas de todo tipo que se hacen en el mismo no tienen la finalidad de formar parte de las clases de Lengua. En el taller no hay evaluaciones ni la participación sirve para aprobar o desaprobar la materia curricular: en el taller se lee por el solo hecho de leer, porque quien lo hace le gusta, y sin ningún tipo de condicionamiento. Si se dan los comentarios, los debates, bienvenidos sean. Pero por supuesto, muchos de los textos que figuran en el blog son trabajados en clase, no dentro de las horas del taller sino ya como material de trabajo de la asignatura Lengua, y ahí sí aprovechamos el blog para la lectura o consultas bibliográficas del autor.
La metodología de trabajo, si bien responde a un proyecto formalmente armado y presentado en la institución, tiende a ser informal. En los cinco primeros años de existencia (comenzamos a trabajar en el año 2005), las reuniones se realizaban una vez por semana en horario extraclases y concurrían al mismo los alumnos que deseaban participar y, por supuesto, tenían el tiempo necesario para hacerlo. Cada participante aportaba en las reuniones distintos textos, y luego esos textos se distribuían a través de la cuenta de correo electrónico leerporquesi@yahoo.com.ar a todos nuestros contactos (como una manera de dar participación a todos aquellos que deseándolo, no podían concurrir a las reuniones extraclases). Luego, una vez a la semana, los textos leídos en el taller eran colgados en el blog LEER PORQUE SÍ
En virtud de las inquietudes planteadas por los alumnos que deseaban participar activamente del taller y no podían hacerlo por cuestiones horarias (eran muchos), se decidió a partir del año 2010 incorporar las actividades del taller en los horarios de la asignatura Lengua, pero siempre respetando el objetivo principal, es decir, la lectura por placer que no condiciona al alumno a pensar en una evaluación o trabajo práctico posterior. De esta manera, la totalidad del alumnado puede en la actualidad participar activamente (aunque sin ninguna obligación de aportar material) de las actividades del taller. Esa es una de las ventajas, pero también surgieron algunas desventajas: mientras las actividades del taller se realizaban en horario extraclases, podían participar no solo los alumnos de la escuela, sino también profesores de otras áreas, amigos y parientes (de hecho concurrieron parejas, hijos y padres de los alumnos), los que en la actualidad solo pueden hacerlo a través de la tecnología (internet).
EducaRafaela-¿Quién lo carga, como se realizan los aportes...?
Sergio- Con respecto a quién administra el blog, la casilla de correo y Facebook, soy yo el profesor responsable. Los alumnos en nuestra escuela no tienen la asignatura Computación o alguna similar que les permita participar activamente en la confección o carga de textos en el blog. Por otra parte, por una cuestión de seguridad, considero que es bueno que las contraseñas no sean manejadas por muchas personas. Y los aportes son de todos aquellos que participan del taller. Desde los profesores de Lengua, los alumnos e inclusive la gente que participa en el blog, o los contactos de la cuenta de correo o inclusive en Facebook. Varios de los textos fueron aportados por amigos ajenos a la institución.
EducaRafaela- ¿Cuál es el rol de la tecnología en la educación y en la literatura en particular?
Sergio- Personalmente creo que en pleno siglo XXI la tecnología no puede estar apartada de la educación de nuestros jóvenes y adultos. Lo digo con el convencimiento de que no solo la Internet sino la tecnología en general son instrumentos para la real inserción del individuo en la actividad laboral, social, económica, cultural. Y particularmente lamento que en las Escuelas de Educación Media Para Adultos de nuestra provincia aún no se haya agregado como asignatura obligatoria, alguna que capacite a nuestros alumnos adultos al manejo de las nuevas tecnologías (TICs). Y hay más: si bien tenemos biblioteca, no tenemos bibliotecario o persona encargada de que la misma esté activa y a disposición de sus verdaderos beneficiarios: los alumnos. Por eso se han perdido muchos libros y actualmente los alumnos no tienen acceso a los libros si no es en horario escolar. En cuanto a infraestructura, a las escuelas para adultos les falta mucho todavía.
La relación de la Tecnología con la Literatura también es amplia e interesante. Tenemos información al instante y acceso a lecturas imposibles de conseguir en el mercado editorial. A los alumnos se los puede incentivar a la lectura de textos literarios a través de la tecnología; el juego que se establece entre imagen y palabras muchas veces beneficia ese acercamiento a las Letras. La tecnología y la Literatura no deben ser consideradas como una antítesis sino complementarias.
EducaRafaela- ¿Habrá un fin en los textos, en los libros...o estamos ante su continuidad?
Sergio- No creo que se avecine el fin del ´texto-papel´, sobre todo cuando hablamos de textos literarios. Si bien el acceso a Internet en los últimos años se ha acrecentado enormemente, su uso no es universal. Más allá de esto, en la computadora podemos leer tranquilamente poesías, cuentos, relatos breves, pensamientos. Pero a la hora de leer una novela o un tratado literario o lingüístico, o cualquier texto cuya extensión implique mucho tiempo de lectura, el contacto con la computadora no es el mismo que el que se establece con el papel. Por eso me planteo siempre: ¿Cómo pensar que el libro desaparecerá? ¿Cómo creer que la sensación de recostarse en el sillón con un libro en la mano pueda perderse? ¿Con qué reemplazar la satisfacción de sentarse bajo la sombra de un árbol con un libro en la mano? ¿Cómo dejar que desaparezca la táctil sensación de pasar una a una las páginas de papel que desde hace siglos sobreviven sin sobresaltos al paso del tiempo? ¿Y el olor a biblioteca, al libro del abuelo o al del recién salido de la editorial? ¿Cómo pensar que el libro desaparecerá?

Para tomar contacto con LEER PORQUE SÍ dejamos las siguientes direcciones y contactos:
Correo electrónico: leerporquesi@yahoo.com.ar (más de 600 contactos)
Blogs: http://leerporquesi-1007.blogspot.com (más de un centenar de seguidores y más de 50.000 visitas de todo el mundo en el último año). lenguaeempalibertad.blogspot.com
Facebook: http://facebook.com/leerporquesi (con más de 1.000 amigos)

jueves, 15 de diciembre de 2011

KAVAFIS: UN VIEJO


En el fondo de un bullicioso café
inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo:
con un periódico delante, sin compañía.

Y en el abandono de su triste vejez
medita cuán poco gozó de los años
en que aún tenía vigor, verbo y belleza.

Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo ve.
Y sin embargo el tiempo en que fue joven le parece
ayer. ¡Qué poco tiempo hace, qué poco tiempo!

Ve cómo de él se burló la Prudencia;
y cómo en ella confió siempre -¡qué locura!-
que falaz decía: "Mañana. Tienes mucho tiempo".

Recuerda impulsos que contuvo y tanto
gozó como sacrificó. Cada ocasión perdida
se burla ahora de su sensatez sin seso.

...Pero de tanto pensar y recordar
el viejo cae aturdido. Y se duerme
apoyado en la mesa del café.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

DOLINA, ALEJANDRO: GUALICHO




Gualicho o walichu es el nombre que los indios pampas daban al genio del mal, al diablo, al hermano rebelde del creador Chachao. Pero también se llama gualicho a una hierba o filtro que suele usarse para enamorar por arte de hechicería.

Hoy ya casi nadie cree en estas cosas. Pero en mi pueblo sí creíamos.

Hace muchos años, llegó a Buenos Aires un joven farmacéutico llamado Bejerman. Su verdadero nombre era Tortorello, pero el hombre había comprado la antigua farmacia ``Bejerman`` y es sabido que los farmacéuticos llevan el nombre de su farmacia. Tortorello venia de ser Katz en la ciudad de Azul y supe que el verdadero Bejerman es ahora Tepliskyen en el pueblo de Pilar.

Pues bien, Bejerman vendía un yuyo que, agregado al mate producía el enamoramiento súbito del que se lo tomaba hacia el cebador.

En el pueblo empezó a comentarse la eficacia casi obscena de aquel producto que Bejerman vendía con fingida reserva.

Todas las tardes, los jóvenes se reunían a tomar mate en galpones apartados. Las ruedas se iban achicando vuelta tras vuelta, ya que los repentinos ardores iban excluyendo del concurso a los sucesivos cebadores y a sus objetos de deseo que, a su turno, marchaban al galope hacia los yuyales de la vecindad.

Al parecer, el efecto del gualicho duraba apenas unas horas. Esto lo hacia más atractivo porque permitía disfrutar de los deleites urgentes sin tener que soportar los trámites penosos de la ulterioridad.

Con el tiempo, las personas de mayor edad y aun algunos grupos de matrimonios se aficionaron al uso del yuyo de Bejerman, hasta que llegó un momento en que todo el pueblo andaba engualichado.

Las idas y vueltas del mate caprichoso solían dibujar fugaces laberintos de amores cruzados.

En ocasiones, alguien recibía mates sucesivos de distintos cebadores.

Otras veces, el cebador que engualichaba a alguien era engualichado a su vez por otra persona.

También había mates tomados por error, manotazos usurpadores y hasta chupadas por turno de un mismo cimarrón.

Yo, en aquel tiempo, no sabia a quien amaba. Le había dado mate a todas las chicas del pueblo. Pero a decir verdad, todos habían mateado con todos.

Un día cambiaron al comisario. Nombraron a un tal Barrientos que, ni bien se enteró de estos asuntos, prohibió redondamente el gualicho.

El pueblo se resistió. Las mateadas se hicieron clandestinas. Pero con Barrientos no se jugaba. En cualquier momento aparecía en medio de la rueda con cuatro o cinco vigilantes, secuestraba las pavas, las yerberas y los mates y si se hallaban rastros de gualicho, los metía a todos en el calabozo.

Por fin el intendente negoció un acuerdo. El gualicho quedaría prohibido, salvo un día por año dedicado a la celebración de La Fiesta del Mate. Durante toda esa jornada se podía engualichar libremente.

Así en mi pueblo, todos los 11 de agosto nos enamorábamos una o varias veces. La gente tomaba mate en las calles. Cualquier desconocido podía ser convidado.

Unos años más tarde, para simplificar las cosas, se instaló un gigantesco mate en la plaza, con miles de pavas e innumerables bombillas, de suerte que todos cebaban y todos tomaban. Es decir, todos se enamoraban de todos.

Las orgías de La Fiesta del Mate aún se recuerdan. Y, por cierto, hay en el pueblo centenares de muchachos que no saben de qué mate son hijos.

Una noche, no hace tanto tiempo, visité a Bejerman en su casa.

A falta de mate, tomamos un licor que nos sirvió su mujer. A la tercera copita, el farmacéutico cayó en estado confidencial.

—Si me promete no decírselo a nadie, voy a contarle algo: el gualicho no existe. Lo que traje a este pueblo es un yuyo cualquiera, creo que contra el resfrío. Pero la gente creyó que enamoraba. Y enamorarse es creer que uno se enamora. Todos pensaban que algo los empujaba. Y era cierto. Pero ese algo, si me permite el lugar común o acaso la grosería, lo llevaban dentro. Además hay algo que lamentar entre tanta polvareda. En todos estos años nadie se enamoró de verdad. Todos creían ser victimas del gualicho y los amores eternos duraban dos horas. El único que se salvó de esa desgracia fui yo. Yo sabía que no había yuyo que valiera y entonces viví amores puros, sin trampas ni gualichos. Y por eso estoy al lado de esta mujer, por una decisión soberana de mi corazón. Nadie me hechizó. Nadie me cebó un mate embrujado...

En ese momento, la mujer, que volvía de la cocina, le dijo mientras le ponía la mano en le hombro:

—Eso es lo que vos te creés.

ALEJANDRO DOLINA

(Argentina, 1944)

De “El bar del infierno”

viernes, 25 de noviembre de 2011

VALENZUELA, LUISA: TANGO



Me dijeron:

En este salón te tenés que sentar cerca del mostrador, a la izquierda, no lejos de la caja registradora; tomate un vinito, no pidás algo más fuerte porque no se estila en las mujeres, no tomés cerveza porque la cerveza da ganas de hacer pis y el pis no es cosa de damas, se sabe del muchacho de este barrio que abandonó a su novia al verla salir del baño: yo creí que ella era puro espíritu, un hada, parece que alegó el muchacho. La novia quedó para vestir santos, frase que en este barrio todavía tiene connotaciones de soledad y soltería, algo muy mal visto. En la mujer, se entiende. Me dijeron.

Yo ando sola y el resto de la semana no me importa pero los sábados me gusta estar acompañada y que me aprieten fuerte. Por eso bailo el tango.

Aprendí con gran dedicación y esfuerzo, con zapatos de taco alto y pollera ajustada, de tajo. Ahora hasta ando con los clásicos elásticos en la cartera, el equivalente a llevar siempre conmigo la raqueta si fuera tenista, pero menos molesto. Llevo los elásticos en la cartera y a veces en la cola de un banco o frente a la ventanilla cuando me hacen esperar por algún trámite los acaricio, al descuido, sin pensarlo, y quizá, no sé, me consuelo con la idea de que en ese mismo momento podría estar bailando el tango en vez de esperar que un empleaducho desconsiderado se digne atenderme.

Sé que en algún lugar de la ciudad, cualquiera sea la hora, habrá un salón donde se esté bailando en la penumbra. Allí no puede saberse si es de noche o de día, a nadie le importa si es de noche o de día, y los elásticos sirven para sostener alrededor del empeine los zapatos de calle, estirados como están de tanto trajinar en busca de trabajo.

El sábado por la noche una busca cualquier cosa menos trabajo. Y sentada a una mesa cerca del mostrador, como me recomendaron, espero. En este salón el sitio clave es el mostrador, me insistieron, así pueden ficharte los hombres que pasan hacia el baño. Ellos sí pueden permitirse el lujo. Empujan la puerta vaivén con toda la carga a cuestas, una ráfaga amoniacal nos golpea, y vuelven a salir aligerados dispuestos a retomar la danza.

Ahora sé cuándo me toca a mí bailar con uno de ellos. Y con cuál. Detecto ese muy leve movimiento de cabeza que me indica que soy la elegida, reconozco la invitación y cuando quiero aceptarla sonrío muy quietamente. Es decir que acepto y no me muevo; él vendrá hacia mí, me tenderá la mano, nos pararemos enfrentados al borde de la pista y dejaremos que se tense el hilo, que el bandoneón crezca hasta que ya estemos a punto de estallar y entonces, en algún insospechado acorde, él me pondrá el brazo alrededor de la cintura y zarparemos.

Con las velas infladas bogamos a pleno viento si es milonga, al tango lo escoramos. Y los pies no se nos enredan porque él es sabio en señalarme las maniobras tecleteando mi espalda. Hay algún corte nuevo, figuras que desconozco e improviso y a veces hasta salgo airosa. Dejo volar un pie, me escoro a estribor, no separo las piernas más de lo estrictamente necesario, él pone los pies con elegancia y yo lo sigo. A veces me detengo, cuando con el dedo medio él me hace una leve presión en la columna. Pongo la mujer en punto muerto, me decía el maestro y una debía quedar congelada en medio del paso para que él pudiera hacer sus firuletes.

Lo aprendí de veras, lo mamé a fondo como quien dice. Todo un ponerse, por parte de los hombres, que alude a otra cosa. Eso es el tango. Y es tan bello que se acaba aceptando.

Me llamo Sandra pero en estos lugares me gusta que me digan Sonia, como para perdurar más allá de la vigilia. Pocos son sin embargo los que acá preguntan o dan nombres, pocos hablan. Algunos eso sí se sonríen para sus adentros, escuchando esa música interior a la que están bailando y que no siempre está hecha de nostalgia. Nosotras también reímos, sonreímos. Yo río cuando me sacan a bailar seguido (y permanecemos callados y a veces sonrientes en medio de la pista esperando la próxima entrega), río porque esta música de tango rezuma del piso y se nos cuela por la planta de los pies y nos vibra y nos arrastra.

Lo amo. Al tango. Y por ende a quien, transmitiéndome con los dedos las claves del movimiento, me baila.

No me importa caminar las treintipico de cuadras de vuelta hasta mi casa. Algunos sábados hasta me gasto en la milonga la plata del colectivo y no me importa. Algunos sábados un sonido de trompetas digamos celestiales traspasa los bandoneones y yo me elevo. Vuelo. Algunos sábados estoy en mis zapatos sin necesidad de elásticos, por puro derecho propio. Vale la pena. El resto de la semana transcurre banalmente y escucho los idiotas piropos callejeros, esas frases directas tan mezquinas si se las compara con la lateralidad del tango.

Entonces yo, en el aquí y ahora, casi pegada al mostrador para dominar la escena, me fijo un poco detenidamente en algún galán maduro y le sonrío. Son los que mejor bailan. A ver cuál se decide. El cabeceo me llega de aquel que está a la izquierda, un poco escondido detrás de la columna. Un tan delicado cabeceo que es como si estuviera apenas, levemente, poniéndole la oreja al propio hombro, escuchándolo. Me gusta. El hombre me gusta. Le sonrío con franqueza y solo entonces él se pone de pie y se acerca. No se puede pedir un exceso de arrojo. Ninguno aquí presente arriesgaría el rechazo cara a cara, ninguno está dispuesto a volver a su asiento despechado, bajo la mirada burlona de los otros. Éste sabe que me tiene y se me va arrimando, al tranco, y ya no me gusta tanto de cerca, con sus años y con esa displicencia.

La ética imperante no me permite hacerme la desentendida. Me pongo de pie, él me conduce a un ángulo de la pista un poco retirado y ahí ¡me habla! Y no como aquél, tiempo atrás, que solo habló para disculparse de no volver a dirigirme la palabra, porque yo acá vengo a bailar y no a dar charla, me dijo, y fue la última vez que abrió la boca. No. Este me hace un comentario general, es conmovedor. Me dice vio doña, cómo está la crisis, y yo digo que sí, que vi, la pucha que vi aunque no lo digo con estas palabras, me hago la fina, la Sonia: Sí señor, qué espanto, digo, pero él no me deja elaborar la idea porque ya me está agarrando fuerte para salir a bailar al siguiente compás. Este no me va a dejar ahogar, me consuelo, entregada, enmudecida.

Resulta un tango de la pura concentración, del entendimiento cósmico. Puedo hacer los ganchos como le vi hacer a la del vestido de crochet, la gordita que disfruta tanto, la que revolea tan bien sus bien torneadas pantorrillas que una olvida todo el resto de su opulenta anatomía. Bailo pensando en la gorda, en su vestido de crochet verde color esperanza, dicen, en su satisfacción al bailar, réplica o quizá reflejo de la satisfacción que habrá sentido al tejer; un vestido vasto para su vasto cuerpo y la felicidad de soñar con el momento en que ha de lucirlo, bailando. Yo no tejo, ni bailo tan bien como la gorda, aunque en este momento sí porque se dio el milagro.

Y cuando la pieza acaba y mi compañero me vuelve a comentar cómo está la crisis, yo lo escucho con unción, no contesto, le dejo espacio para añadir ¿Y vio el precio al que se fue el telo? Yo soy viudo y vivo con mis dos hijos. Antes podía pagarle a una dama el restaurante, y llevarla después al hotel. Ahora solo puedo preguntarle a la dama si posee departamento, y en zona céntrica. Porque a mí para un pollito y una botella de vino me alcanza.

Me acuerdo de esos pies que volaron los míos, de esas filigranas. Pienso en la gorda tan feliz con su hombre feliz, hasta se me despierta una sincera vocación por el tejido.

Departamento no tengo explico pero tengo pieza en una pensión muy bien ubicada, limpia. Y tengo platos, cubiertos, y dos copas verdes de cristal, de esas bien altas.

¿Verdes? Son para vino blanco. Blanco, sí. Lo siento, pero yo al vino blanco no se lo toco.

Y sin hacer ni una vuelta más, nos separamos.


LUISA VALENZUELA

(Argentina, 1938)

martes, 15 de noviembre de 2011

ACTO DE ENTREGA DE PREMIOS DEL QUINTO CONCURSO LITERARIO PROVINCIAL PARA ALUMNOS ADULTOS (EEMPA) 2011

El viernes 11 de noviembre de 2011 a las 20.30 se llevó a cabo en la Escuela de Enseñanza Media Para Adultos Nº 1007 "Libertad" de la ciudad de Rafaela el acto de entrega de premios a los ganadores del Quinto Concurso Literario Provincial Para Alumnos Adultos (EEMPA) de la provincia de Santa Fe.
Participaron ciento once trabajos, entre cuentos breves y poesías, de alumnos pertenecientes a treinta y una escuelas para adultos de la provincia. La responsabilidad para elegir a los ganadores fue del jurado compuesto por la profesora CLEMIR BAINOTTI y los profesores RODRIGO GRANERO y ADRIÁN BENELLI.
A continuación les mostramos algunas fotografías del acto:

Los ganadores del certamen.

FABIO TRONCOSO,
de la EEMPA Nº 1251 "Emilio Cayetano Atorresi" de Carcarañá,
fue el ganador del 1er. premio en el Género Cuento Breve
y obtuvo además la 2ª mención en el género Poesía.

MARÍA ADELA SCHAMNE,
exalumna de la EEMPA Nº 1007 "Libertad" de Rafaela,
recibió el 1er. premio en el Género Poesía.

GLADYS NOEMÍ GEROSA,
alumna de la EEMPA Nº 1285 de Recreo,
se hizo merecedora de la 1ª mención en el Género Cuento Breve.

RICARDO DANIEL SIERRA,
de la EEMPA Nº 1249 "Ricardo José García" de Correa,
recibió la 1ª mención en el Género Poesía.

MARÍA JIMENA SCHNIDRIG, SILVINA PAULA CALVO y ALEXIS NICOLÁS BERTHOLT, del Anexo Nuevo Torino de la EEMPA Nº 1278 de Humboldt,
recibieron la 2ª mención en el género Cuento Breve por su trabajo colectivo.

Manuel Maldonado en contrabajo, Germán Cardozo en percusión y voz y Sebastián Duarte en guitarra y voz (estos dos últimos alumnos de la EEMPA Nº 1007 "Libertad"), amenizaron el acto con muy buena música y mejor interpretación.

El escritor rafaelino Ángel Balzarino
contó al público presente su relación personal con la escritura.

El acto de premiación fue conducido
por los profesores María de los Milagros Pandolfi y Sergio Fassanelli.

martes, 8 de noviembre de 2011

RESULTADOS 5º CONCURSO LITERARIO PROVINCIAL PARA ALUMNOS ADULTOS (E.E.M.P.A.) 2011


Aquí están los ganadores del Quinto Concurso Literario para Alumnos Adultos de Poesía y Cuento breve, edición 2011.

El jurado estuvo integrado por los profesores Clemir Bainotti, Rodrigo Granero y Adrián Benelli, quienes seleccionaron (entre los ciento once trabajos recibidos de más de treinta escuelas de toda la provincia) los siguientes trabajos para ser premiados:

Género Cuento Breve: 1er. premio para la obra “Exilio hacia el seguir del viento”, seudónimo “Benja”, autor: FABIO TRONCOSO, de la E.E.M.P.A. Nº 1251 “Emilio Cayetano Atorresi” de Carcarañá. 1ª Mención para la obra “El Negro Cucha”, seudónimo “Zingarella”, autora: GLADYS NOEMÍ GEROSA, de la E.E.M.P.A. Nº 1285 de Recreo. 2ª Mención para la obra “La confesión”, seudónimo “Abeja”, autores: SILVINA PAULA CALVO, ALEXIS NICOLÁS BERTHOLT y MARÍA GIMENA SCHNIDRIG, del Anexo Nuevo Torino de la E.E.M.P.A. Nº 1278 de Humboldt.

Género poesía: 1er. premio para la obra “Montañas y frío”, seudónimo “Luna”, autora: MARÍA ADELA SCHAMNE, exalumna de la E.E.M.P.A. Nº 1007 “Libertad” de Rafaela. 1ª Mención para la obra “Tristeza”, seudónimo “Doble R”, autor: RICARDO DANIEL SIERRA, de la E.E.M.P.A. Nº 1249 “Ricardo José García” de Correa. 2ª Mención para la obra “Un bisturí sobre la carta”, seudónimo “Benja”, autor: FABIO TRONCOSO, de la E.E.M.P.A. Nº 1251 “Emilio Cayetano Atorresi” de Carcarañá.

El acto de entrega de premios se realizará el próximo viernes 11 de noviembre de 2011 a las 20.30 en el establecimiento de la escuela organizadora, sito en calle Córdoba 306 (esquina Las Heras) de la ciudad de Rafaela.

miércoles, 19 de octubre de 2011

DOLINA, ALEJANDRO: EL SECRETO DEL PROFESOR DÍAZ


El profesor Díaz ocupaba una humilde vivienda de madera y chapa en los confines de la calle Bilbao. El óxido, el tiempo —o tal vez el propio profesor Díaz— abrieron un agujero en la pared de la cocina que daba justo al lavadero de la casa contigua, también muy pobre. Allí, a falta de ducha, solía bañarse la hermosa Virginia Salvarezza, una joven viuda que vivía sola.

El profesor Díaz la espió por primera vez el 10 de octubre de 1940. Siendo un hombre casto y solitario, el cuerpo jabonoso de Virginia, sumergido en un fuentón, lo perturbó rotundamente. Nunca antes había visto una mujer desnuda. Al día siguiente, faltó al colegio donde dictaba clases. Temía no poder resistir el deseo de contar lo que había visto. Y sus compañeros de trabajo no tenían con él ninguna clase de amistad que justificara la confidencia. Con el mayor cuidado, realizó mejoras en el agujero y lo cubrió con un almanaque de tintorero para evitar que la luz de su cocina se filtrara en el lavadero de Virginia y denunciara la existencia de aquella grieta.

Le costó bastante al profesor efectuar el segundo avistamiento.

Durante la primera semana, el lavadero se le apareció siempre desierto. Díaz llegó a pensar que la muchacha no se bañaba casi nunca o que cumplía sus enjuagadas precisamente en las horas de su ausencia. Descuidando sus obligaciones, el profesor estableció un perpetuo turno de guardia, con el ojo pegado a la hendidura. Finalmente, ciertas regularidades se le hicieron patentes y no tardó en organizar su vida alrededor de los baños de Virginia. Cambió su horario del colegio y renunció al cine de los sábados a la tarde. Empezó a detestar el invierno cuando advirtió que, en los días de frío, Virginia renunciaba a la higiene general.

En los primeros meses, se hizo el propósito de acercarse a la viuda y emprender unas cautelosas maniobras de seducción. Estaba enamorado. Pero a su natural timidez se agregó un sentimiento de culpa que le impedía sostener la mirada de Virginia. Cuando ella lo saludaba, creía notar en su voz un tono de reproche. Cualquier palabra le parecía una alusión a su bochornosa condición de mirón. A veces, sentía la tentación de confesárselo todo, de pedirle perdón y de redimirse en el ejercicio de una amistad casta. Pero tenía miedo de las consecuencias escandalosas, de sus alumnos, de las autoridades del colegio.

Algunas veces, mientras la espiaba, imaginó el efecto de una palabra, de un susurro a través del hueco en la pared.

—Virginia, Virginia, soy yo... El señor de al lado.

Era inútil. No había forma de continuar hablando sin pasar por el ridículo o la humillación.

Con el tiempo, el asunto perdió dramatismo y fue convirtiéndose en una costumbre que, aunque íntima y secreta, se hacía vulgar de tan repetida.

Pasaron años. El profesor Díaz nunca se casó ni tuvo novias. Su solo amor era Virginia. Durante muchísimo tiempo, escribió y corrigió interminablemente una carta para ella. Un día de 1954 llegó a meterla en un sobre. Después, lo guardó en el ropero.

Ella tampoco tuvo amores. Apenas una efímera aventura pasional con el lechero, en el verano de 1952. Díaz los escuchaba a través de los muros delgados. Pero aquello terminó pronto.

El agujero resistió las incursiones de pintores y albañiles. El profesor llegó a sospechar que la viuda conocía, toleraba y disfrutaba de aquellas indiscreciones. En ocasiones, le parecía que ella miraba fijamente al agujero. Su corazón se aceleraba y sentía la inminencia de un diálogo, que nunca sucedió.

Los dos fueron envejeciendo solitarios. Con la edad, Virginia vio amenguar la solidez de sus encantos y la frecuencia de sus inmersiones. Pero Díaz se mantuvo constante. Era muy difícil que se perdiera una sesión. En verdad, más que el goce, lo sostenía la insensata esperanza de que algo extraordinario ocurriera.

Anciano ya, Díaz encontraba estímulo para sus jornadas grises en aquellos ratitos de menesterosa intimidad. Después de tanto tiempo, ya estaba decidido que nadie iba a enterarse jamás de sus amores. Por otra parte, había atravesado la vida entera sin haber hecho un solo amigo. Pasaba semanas sin escuchar su propia voz.

Un día de 1981, el profesor Díaz salió a la calle y se encontró con un camión del Expreso Villalonga. Unas urgentes averiguaciones lo pusieron al corriente de su desventura: Virginia se mudaba. Sin perder un segundo, corrió a la cocina, destapó el agujero y se puso a espiar para ver si su vecina decidía un último lavado. Clausuradas sus esperanzas, fue hasta la puerta. El camión ya se había ido. Ella no se despidió. El viejo profesor se sentó en el umbral durante largas horas.

Un tiempo después, un matrimonio pasó a ocupar la vivienda de Virginia. La señora era bastante atractiva. Pero Díaz no volvió a la grieta de la cocina. Una tarde, sin siquiera echar una última mirada al otro lado, tapó el agujero. Al mes siguiente, se murió.

ALEJANDRO DOLINA

(Argentina, 1949)

(De “Bar del infierno”. Bs. As., Booket, 2009.)

jueves, 29 de septiembre de 2011

NERUDA, PABLO: NO ME LO PIDAN


Piden algunos que este asunto humano

con nombres, apellidos y lamentos

no lo trate en las hojas de mis libros,

no le dé la escritura de mis versos:

dicen que aquí murió la poesía,

dicen algunos que no debo hacerlo:

la verdad es que siento no agradarles,

los saludo y les saco el sombrero

y los dejo viajando en el Parnaso

como ratas alegres en el queso.

Yo pertenezco a otra categoría

y sólo un hombre soy de carne y hueso,

por eso si apalean a mi hermano

con lo que tengo a mano lo defiendo

y cada una de mis líneas lleva

un peligro de pólvora o de hierro,

que caerá sobre los inhumanos,

sobre los crueles, sobre los soberbios.

Pero el castigo de mi paz furiosa

no amenaza ni a los pobres ni a los buenos:

con mi lámpara busco a los que caen,

alivio sus heridas y las cierro:

y éstos son los oficios del poeta,

del aliviador y del picapedrero:

debemos hacer algo en esta tierra

porque en este planeta nos parieron

y hay que arreglar las cosas de los hombres

porque no somos pájaros ni perros.

Y bien, si cuando ataco lo que odio

o cuando canto a todos los que quiero

la poesía quiere abandonar

las esperanzas de mi manifiesto

yo sigo con las tablas de mi ley

acumulando estrellas y armamentos

y en el duro deber americano

no me importa una rosa más o menos:

tengo un pacto de amor con la hermosura:

tengo un pacto de sangre con mi pueblo.


(de Canción de Gesta, 1960)

Pablo Neruda (1904-1973):


Neftalí Ricardo Reyes Basoalto nació en Parral el año 1904. En 1923 publica Crepusculario. Al año siguiente aparece Veinte poemas de amor y una canción desesperada. En 1927 comienza su larga carrera diplomática. En 1935, aparece la edición madrileña de Residencia en la tierra. En 1936 al estallar la guerra civil española, muere García Lorca, Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe España en el corazón.

De regreso en Chile, en 1939 Neruda ingresó en el Partido Comunista y su obra experimentó un giro hacia la militancia política que culminó con la exaltación de los mitos americanos de su Canto general, texto en que su poesía adopta una intención social, ética y política.

En 1945 fue el primer poeta en ser galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile. Al mismo tiempo, desde su escaño de senador utilizó su oratoria para denunciar los abusos y las desigualdades del sistema. Tal actitud provocó la persecución gubernamental y su posterior exilio en Argentina.

En 1952 publica Los versos del capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En 1958 aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de Oxford, Gran Bretaña.

Su prestigio internacional fue reconocido en 1971, año en que se le concedió el Premio Nobel de Literatura. El año anterior Pablo Neruda había renunciado a la candidatura presidencial en favor de Salvador Allende, quien lo nombró poco después embajador en París. Dos años más tarde, ya gravemente enfermo, regresó a Chile.

Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973. Póstumamente se publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

CERNUDA, LUIS: CONTIGO


¿Mi tierra?

Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

Luis Cernuda

(España, 1902/1963)


sábado, 10 de septiembre de 2011

11 de setiembre: FELIZ DÍA DEL MAESTRO

Para que no nos aturdan con tantas torres gemelas...


EL MAESTRO
(de Eduardo Galeano)

Los alumnos del sexto grado, en una escuela de Montevideo, habían organizado un concurso de novelas.
Todos participaron.
Los jurados éramos tres. El maestro Oscar, puños raídos, sueldo de fakir, más una alumna, representante de los autores, y yo.
En la ceremonia de la premiación, se prohibió la entrada de los padres y demás adultos. Los jurados dimos lectura al acta, que destacaba los méritos de cada uno de los trabajos. El concurso fue ganado por todos, y para cada premiado hubo una ovación, una lluvia de serpentinas y una medallita donada por el joyero del barrio.
Después, el maestro Oscar me dijo:
—Nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores.
Y una de las alumnas, que había venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que ella quería al maestro, lo quería muuuuuucho, porque él le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.
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Eduardo Galeano
(Uruguay, 1940)