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sábado, 18 de febrero de 2012
POE, EDGAR ALLAN: EL GATO NEGRO
lunes, 13 de febrero de 2012
TEXTOS GANADORES CONCURSO LITERARIO 2011: RICARDO DANIEL SIERRA

Tristeza
(Primera Mención Poesía)
Me gusta oír el suspiro del viento
porque pone a latir mi corazón,
un caballo en carrera desbocado,
al compás del mar sobre mis pies
cargado con mil lágrimas del cielo.
Es triste escuchar en el absurdo silencio
el lamento de los ángeles
al ver morir la magia de las flores
y ver caer sus pétalos
como las alas de sus espaldas.
RICARDO DANIEL SIERRA
E.E.M.P.A.Nº 1249 “Ricardo José García” – Correa (Santa Fe)
TEXTOS GANADORES CONCURSO LITERARIO 2011: MARÍA ADELA SCHAMNE

MONTAÑAS Y FRÍO
(Primer Premio Poesía)
Suben la cuesta, hacen frente a la soledad.
¿Qué buscan estos intrépidos en los desiertos inermes y helados?
La actividad es peligrosa, no quimérica.
Entre el cielo y la tierra,entre los riscos obstinados,
y laderas de flores silvestres, hay bellezas relentes.
Planicies y montañas de nieve,oquedad de piedras y areniscas,
frágiles pasaderas sobre profundas grietas relegadas,
nada los amedrenta y resisten la inclemencia del indómito paisaje.
El sol se duerme entre los altivos peñascos,
en busca del ocaso,en un cielo matizado de nubes temerosas.
Envuelta en brumas,la luna, lángida y despreocupada
advierte su proximidad con rayos de plata, en este crepúsculo que emigra.
La ventisca nívea y helada les susurra la necesidad de buscar resguardo
en este páramo agreste.
Sus almas sosegadas se abandonan
a la contemplación de lo desconocido.
La cima los incita a continuar,
alucinan con llegar, atormentados y ávidos por el misterio de lo ignoto.
Los subyuga la magnífica altivez de las cumbres de cúspides nevadas
donde las nubes se ciñen para dormir sueños nostálgicos.
Este preludio les revela, sin pudor ni cobardía, su humana condición,
y vacilan ante la magnificiecia de esta cordillera ancestral.
Con la última imagen en sus retinas y vencidos por el sueño,
cierran sus ojos confiados en un mañana promisorio.
MARÍA ADELA SCHAMNE
Exalumna E.E.M.P.A. Nº 1007 “Libertad” (Rafaela – Santa Fe)
TEXTOS GANADORES CONCURSO LITERARIO 2011: SILVINA PAULA CALVO - ALEXIS NICOLÁS BERTHOLT - MARIA GIMENA SCHNIDRIG

LA CONFESIÓN
_ Perdóneme, padre, porque he pecado.
_ ¿Cuál es tu falta?
_ He matado a un hombre.
Frente a semejante confesión, el párroco salió de su estado de somnolencia. Claro, nada pasaba en ese recóndito lugar.
Una semana antes, en esa misma iglesia, Florencia estaba con el párroco ultimando los detalles de su boda. Se iba a casar con Juan Felipe Sandoval, un hacendado del pueblo. Un hombre respetado, pero, también temido y muy odiado.
Juan era viudo y tenía dos hijos grandes. Florencia era cocinera en un restaurante del pueblo. Siempre había estado enamorada de él, pero el destino los había llevado por diferentes caminos hasta ahora que, por fin, iban a concretar su amor.
Ese lunes al salir de la iglesia, Florencia recibió una triste e inesperada noticia. Su amado estaba muerto, a primera vista se había quitado la vida. Entonces, inmediatamente salió rumbo a la estancia “Sandoval”, con lágrimas en los ojos y el corazón hecho pedazos. Efectivamente, Juan yacía en su habitación desangrado y con el arma en su mano.
La tristeza se respiraba; la muerte estaba en el aire y la duda comenzaba a aparecer en cada uno de los rincones de la casa. ¿Por qué quitarse la vida una semana antes de su casamiento? se lo veía feliz, ¿por qué no despedirse a través de una carta?
Pronto, en el pueblo ya se estaba hablando de aquello, y lo que es peor a nadie le cerraba lo del suicidio, para muchos podía haber sido un asesinato.
Después del funeral, los hijos del difunto, junto con Florencia, fueron a ver al comisario del pueblo para exigirle una investigación.
El comisario era un hombre despreocupado con muy pocas ganas de investigar lo que para él, sin dudas, era un suicidio. Pero tras la insistencia de los jóvenes y de la dama, accedió. ¿Por dónde empezar? don Juan Sandoval era un hombre muy odiado, pero ¿quién pudo tener el valor de asesinarlo?
Entonces, decidió comenzar por la casa de los Ramírez. Gente de campo, trabajadora, pero, según algunas voces chismosas, odiaban a don Juan porque él los había dejado sin trabajo.
_ Nosotros no lo matamos- dijeron. Ese día fuimos a la ciudad para realizar unas compras, la señora del almacén lo pueden confirmar- agregaron.
_ Muy bien- dijo el comisario, anotando sus nombres en la lista de los sospechosos.
Después de esto fue a interrogar a Fermín Montenegro, dueño de la hacienda vecina a la del difunto. A Fermín se lo conocía por haber tenido numerosos enfrentamientos, ya que sostenía que le había robado animales. Tal vez, ese podía ser el móvil del crimen.
_ Yo no fui – dijo. Ese día y a esa hora estaba en los corrales marcando unas reses- afirmó.
_ ¿Tiene testigos?- preguntó el comisario.
_ Sólo mi hijo de once años- dijo.
Así también, el comisario marcó el nombre de don Fermín en su lista de sospechosos y se dirigió a la casa de Ricardo Quiroga, un borracho del pueblo, que había estado preso por un robo en la hacienda Sandoval, y juró vengarse de don Juan por los años que había pasado en prisión.
Grande fue la sorpresa del comisario, cuando llegó a la casa de Ricardo, quien se encontraba muerto. Hacía un par de días que había fallecido, y como no tenía familia ni amigos, nadie lo había notado.
Como era imposible interrogarlo, al comisario, se le ocurrió una idea. Tenía frente a él al autor del crimen. Ya había resuelto el caso.
Finalmente, informó a los hijos de don Juan que había dado con el asesino de su padre, pero que, lamentablemente, había muerto de un infarto tras confesar su culpabilidad y pedir perdón.
Al pobre borracho lo enterraron en el cementerio sin darle cristiana sepultura ni nada de eso. Nadie lloró sobre su tumba.
Mientras tanto, en el pueblo corría la noticia del hecho esclarecido.
_Dime, hijo, ¿por qué dices que has matado a un hombre?
_ Porque es la verdad, padre, yo fui quien acabó con la vida de Juan Sandoval. Yo disparé el arma y lo puse en su mano, luego cerré con llave la puerta de su habitación y salí de ahí sin ser visto por nadie.
_ Pero, ¿por qué, hijo mío, por qué?
_ Por amor- dijo el comisario. Toda mi vida he estado enamorado de Florencia y no pude saberla de otro modo. Tuve que actuar antes de perderla. Traté de hablar con Juan y decirle que se alejara de ella, que si no era mía no iba a ser de nadie, pero no quiso escucharme, así que no me quedó más remedio…
El padre le dijo que se arrepienta de corazón para obtener el perdón de Dios, y que rece por la sanación de su alma. Todo quedó guardado en secreto de confesión. Salió de la iglesia y se dirigió a la comisaría, donde sus labores de comisario lo esperaban y tal vez consolar a una triste mujer.
SILVINA PAULA CALVO - ALEXIS NICOLÁS BERTHOLT
MARIA GIMENA SCHNIDRIG
E.E.M.P.A. Nº 1278 - Humbodt (Anexo Nuevo Torino) - Santa Fe
TEXTOS GANADORES CONCURSO LITERARIO 2011: FABIO TRONCOSO

(Primer Premio Cuento Breve)
Sucias butacas que acogen un vaivén de gemidos silenciosos y frases vacías en péndulo, repugnante alfombra, condenada a cargar con las más impías cosas, ambas cosas estrangulan la luz de los reflectores.
¡Bienvenida, toma asiento en la butaca 22, las demás están ocupadas por el vacío!
Mientras las pálidas y frías manos jalan de las sogas de ambos lados del escenario, el emparchado y deshilachado telón, muestra las mascaras que están arriba. Una simboliza la tristeza y la otra felicidad, la cual sólo puede verse del lado izquierdo, porque la mala ubicación de éstas, hizo que el telón la opaque.
Aparece en escena, un hombre vestido de blanco hasta los zapatos, con la máscara de la tristeza y otra persona vestida completamente opuesta con la máscara del… ¿horror?, la cual es asesinada por el sujeto de negro.
Es un teatro mudo, los actores se levantan y saludan al público. Te saludan, acabaron de interpretar “Los puñales hablan más que palabras”.
Se cierra el telón y luego se abre.
Sale el actor con la máscara de la tristeza, esta vez vestido negro, se tambalea, se oyen murmuros muy leves, casi ni se escucha, como si estuviera soñando.
Esta vez posee una galera gris, una vara con punta, bastante extraña, color plateado.
Toma una capa, la coloca unos varios centímetros arriba de su galera. Está completamente cubierto por ésta, no se ve.
De pronto y en menos de un instante, deja caer la capa y él ya no existe.
Acaba de realizar un acto de desaparición, denominado “El silencio”, ¿ves las hilachas por el aire?
Mira hacia el piso, ese trozo de tela oscura es…, obvio que yace oscuro bajo los suelos.
* * *
Un bisturí sobre la carta
(Segunda Mención Poesía)
Como fría manos que cosechan la angustia y el dolor que me has dejado,
Hoy cierro mis ensangrentados puños,
Ante la torre de la encadenada bestia que habita en mis pesadillas, ese súcubo eres tú.
Pienso sucumbirme a enfrentarte otra vez,
Debido a que la fría hoja que atravesó tu corazón,
forza entristecer el mío,
E hizo que mis sentimientos sufrieran el martirio de enfrentarse en mi mente,
Lo que provocó que el fulgor de mis lujuriosos ojos se apaguen.
Los yacimientos de tus sueños que comenzaste a construir
En mis esperanzas perdidas, yacen hoy en escombros…
Mientras admiro cómo eres tragada
Y consumida lentamente por el engaño, que me has causado.
Necio ante ésta situación, un recuerdo escapa de la tortura,
Cuando en los días en que yo te amaba, el sol brillaba ante nuestros ojos.
Hoy, ese día está naufragando en un océano de papel,
Junto con cálidas y húmedas gotas de sangre en la gruta del olvido…
Aunque ya no puedo traer el ayer. Hoy, sólo quiero besar
Tus rústicos labios vidriados cubiertos de fina seda.
Para alivianar mi orgullo y mí angustia. ¡Adiós! ¡Tanto tiempo!
¡No te olvides de tu corazón! ¡No lo dejes aquí conmigo!...
En la luz, e incluso en la oscuridad, recuérdame por siempre.
FABIO TRONCOSO
E.E.M.P.A. Nº 1251 "Emilio Cayetano Atorresi" (Carcarañá - Santa Fe)
domingo, 12 de febrero de 2012
KAVAFIS, Constantino: Las ventanas
En estas oscuras piezas, donde paso
para hallar las ventanas. -Cuando se abra
una ventana habrá un consuelo-.
Mas las ventanas no están, o no puedo
encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.
Acaso la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.
jueves, 9 de febrero de 2012
SPINETTA, LUIS ALBERTO: Tema de Pototo
viernes, 27 de enero de 2012
EDUCA RAFAELA: Entrevista a LEER PORQUE SÍ

jueves, 15 de diciembre de 2011
KAVAFIS: UN VIEJO
inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo:
con un periódico delante, sin compañía.
Y en el abandono de su triste vejez
medita cuán poco gozó de los años
en que aún tenía vigor, verbo y belleza.
Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo ve.
Y sin embargo el tiempo en que fue joven le parece
ayer. ¡Qué poco tiempo hace, qué poco tiempo!
Ve cómo de él se burló la Prudencia;
y cómo en ella confió siempre -¡qué locura!-
que falaz decía: "Mañana. Tienes mucho tiempo".
Recuerda impulsos que contuvo y tanto
gozó como sacrificó. Cada ocasión perdida
se burla ahora de su sensatez sin seso.
...Pero de tanto pensar y recordar
el viejo cae aturdido. Y se duerme
apoyado en la mesa del café.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
DOLINA, ALEJANDRO: GUALICHO

Gualicho o walichu es el nombre que los indios pampas daban al genio del mal, al diablo, al hermano rebelde del creador Chachao. Pero también se llama gualicho a una hierba o filtro que suele usarse para enamorar por arte de hechicería.
Hoy ya casi nadie cree en estas cosas. Pero en mi pueblo sí creíamos.
Hace muchos años, llegó a Buenos Aires un joven farmacéutico llamado Bejerman. Su verdadero nombre era Tortorello, pero el hombre había comprado la antigua farmacia ``Bejerman`` y es sabido que los farmacéuticos llevan el nombre de su farmacia. Tortorello venia de ser Katz en la ciudad de Azul y supe que el verdadero Bejerman es ahora Tepliskyen en el pueblo de Pilar.
Pues bien, Bejerman vendía un yuyo que, agregado al mate producía el enamoramiento súbito del que se lo tomaba hacia el cebador.
En el pueblo empezó a comentarse la eficacia casi obscena de aquel producto que Bejerman vendía con fingida reserva.
Todas las tardes, los jóvenes se reunían a tomar mate en galpones apartados. Las ruedas se iban achicando vuelta tras vuelta, ya que los repentinos ardores iban excluyendo del concurso a los sucesivos cebadores y a sus objetos de deseo que, a su turno, marchaban al galope hacia los yuyales de la vecindad.
Al parecer, el efecto del gualicho duraba apenas unas horas. Esto lo hacia más atractivo porque permitía disfrutar de los deleites urgentes sin tener que soportar los trámites penosos de la ulterioridad.
Con el tiempo, las personas de mayor edad y aun algunos grupos de matrimonios se aficionaron al uso del yuyo de Bejerman, hasta que llegó un momento en que todo el pueblo andaba engualichado.
Las idas y vueltas del mate caprichoso solían dibujar fugaces laberintos de amores cruzados.
En ocasiones, alguien recibía mates sucesivos de distintos cebadores.
Otras veces, el cebador que engualichaba a alguien era engualichado a su vez por otra persona.
Yo, en aquel tiempo, no sabia a quien amaba. Le había dado mate a todas las chicas del pueblo. Pero a decir verdad, todos habían mateado con todos.
Un día cambiaron al comisario. Nombraron a un tal Barrientos que, ni bien se enteró de estos asuntos, prohibió redondamente el gualicho.
El pueblo se resistió. Las mateadas se hicieron clandestinas. Pero con Barrientos no se jugaba. En cualquier momento aparecía en medio de la rueda con cuatro o cinco vigilantes, secuestraba las pavas, las yerberas y los mates y si se hallaban rastros de gualicho, los metía a todos en el calabozo.
Por fin el intendente negoció un acuerdo. El gualicho quedaría prohibido, salvo un día por año dedicado a la celebración de La Fiesta del Mate. Durante toda esa jornada se podía engualichar libremente.
Así en mi pueblo, todos los 11 de agosto nos enamorábamos una o varias veces. La gente tomaba mate en las calles. Cualquier desconocido podía ser convidado.
Unos años más tarde, para simplificar las cosas, se instaló un gigantesco mate en la plaza, con miles de pavas e innumerables bombillas, de suerte que todos cebaban y todos tomaban. Es decir, todos se enamoraban de todos.
Las orgías de La Fiesta del Mate aún se recuerdan. Y, por cierto, hay en el pueblo centenares de muchachos que no saben de qué mate son hijos.
Una noche, no hace tanto tiempo, visité a Bejerman en su casa.
A falta de mate, tomamos un licor que nos sirvió su mujer. A la tercera copita, el farmacéutico cayó en estado confidencial.
—Si me promete no decírselo a nadie, voy a contarle algo: el gualicho no existe. Lo que traje a este pueblo es un yuyo cualquiera, creo que contra el resfrío. Pero la gente creyó que enamoraba. Y enamorarse es creer que uno se enamora. Todos pensaban que algo los empujaba. Y era cierto. Pero ese algo, si me permite el lugar común o acaso la grosería, lo llevaban dentro. Además hay algo que lamentar entre tanta polvareda. En todos estos años nadie se enamoró de verdad. Todos creían ser victimas del gualicho y los amores eternos duraban dos horas. El único que se salvó de esa desgracia fui yo. Yo sabía que no había yuyo que valiera y entonces viví amores puros, sin trampas ni gualichos. Y por eso estoy al lado de esta mujer, por una decisión soberana de mi corazón. Nadie me hechizó. Nadie me cebó un mate embrujado...
En ese momento, la mujer, que volvía de la cocina, le dijo mientras le ponía la mano en le hombro:
—Eso es lo que vos te creés.
(Argentina, 1944)

De “El bar del infierno”
viernes, 25 de noviembre de 2011
VALENZUELA, LUISA: TANGO

Me dijeron:
En este salón te tenés que sentar cerca del mostrador, a la izquierda, no lejos de la caja registradora; tomate un vinito, no pidás algo más fuerte porque no se estila en las mujeres, no tomés cerveza porque la cerveza da ganas de hacer pis y el pis no es cosa de damas, se sabe del muchacho de este barrio que abandonó a su novia al verla salir del baño: yo creí que ella era puro espíritu, un hada, parece que alegó el muchacho. La novia quedó para vestir santos, frase que en este barrio todavía tiene connotaciones de soledad y soltería, algo muy mal visto. En la mujer, se entiende. Me dijeron.
Yo ando sola y el resto de la semana no me importa pero los sábados me gusta estar acompañada y que me aprieten fuerte. Por eso bailo el tango.
Aprendí con gran dedicación y esfuerzo, con zapatos de taco alto y pollera ajustada, de tajo. Ahora hasta ando con los clásicos elásticos en la cartera, el equivalente a llevar siempre conmigo la raqueta si fuera tenista, pero menos molesto. Llevo los elásticos en la cartera y a veces en la cola de un banco o frente a la ventanilla cuando me hacen esperar por algún trámite los acaricio, al descuido, sin pensarlo, y quizá, no sé, me consuelo con la idea de que en ese mismo momento podría estar bailando el tango en vez de esperar que un empleaducho desconsiderado se digne atenderme.
Sé que en algún lugar de la ciudad, cualquiera sea la hora, habrá un salón donde se esté bailando en la penumbra. Allí no puede saberse si es de noche o de día, a nadie le importa si es de noche o de día, y los elásticos sirven para sostener alrededor del empeine los zapatos de calle, estirados como están de tanto trajinar en busca de trabajo.
El sábado por la noche una busca cualquier cosa menos trabajo. Y sentada a una mesa cerca del mostrador, como me recomendaron, espero. En este salón el sitio clave es el mostrador, me insistieron, así pueden ficharte los hombres que pasan hacia el baño. Ellos sí pueden permitirse el lujo. Empujan la puerta vaivén con toda la carga a cuestas, una ráfaga amoniacal nos golpea, y vuelven a salir aligerados dispuestos a retomar la danza.
Ahora sé cuándo me toca a mí bailar con uno de ellos. Y con cuál. Detecto ese muy leve movimiento de cabeza que me indica que soy la elegida, reconozco la invitación y cuando quiero aceptarla sonrío muy quietamente. Es decir que acepto y no me muevo; él vendrá hacia mí, me tenderá la mano, nos pararemos enfrentados al borde de la pista y dejaremos que se tense el hilo, que el bandoneón crezca hasta que ya estemos a punto de estallar y entonces, en algún insospechado acorde, él me pondrá el brazo alrededor de la cintura y zarparemos.
Con las velas infladas bogamos a pleno viento si es milonga, al tango lo escoramos. Y los pies no se nos enredan porque él es sabio en señalarme las maniobras tecleteando mi espalda. Hay algún corte nuevo, figuras que desconozco e improviso y a veces hasta salgo airosa. Dejo volar un pie, me escoro a estribor, no separo las piernas más de lo estrictamente necesario, él pone los pies con elegancia y yo lo sigo. A veces me detengo, cuando con el dedo medio él me hace una leve presión en la columna. Pongo la mujer en punto muerto, me decía el maestro y una debía quedar congelada en medio del paso para que él pudiera hacer sus firuletes.
Lo aprendí de veras, lo mamé a fondo como quien dice. Todo un ponerse, por parte de los hombres, que alude a otra cosa. Eso es el tango. Y es tan bello que se acaba aceptando.
Me llamo Sandra pero en estos lugares me gusta que me digan Sonia, como para perdurar más allá de la vigilia. Pocos son sin embargo los que acá preguntan o dan nombres, pocos hablan. Algunos eso sí se sonríen para sus adentros, escuchando esa música interior a la que están bailando y que no siempre está hecha de nostalgia. Nosotras también reímos, sonreímos. Yo río cuando me sacan a bailar seguido (y permanecemos callados y a veces sonrientes en medio de la pista esperando la próxima entrega), río porque esta música de tango rezuma del piso y se nos cuela por la planta de los pies y nos vibra y nos arrastra.
Lo amo. Al tango. Y por ende a quien, transmitiéndome con los dedos las claves del movimiento, me baila.
No me importa caminar las treintipico de cuadras de vuelta hasta mi casa. Algunos sábados hasta me gasto en la milonga la plata del colectivo y no me importa. Algunos sábados un sonido de trompetas digamos celestiales traspasa los bandoneones y yo me elevo. Vuelo. Algunos sábados estoy en mis zapatos sin necesidad de elásticos, por puro derecho propio. Vale la pena. El resto de la semana transcurre banalmente y escucho los idiotas piropos callejeros, esas frases directas tan mezquinas si se las compara con la lateralidad del tango.
Entonces yo, en el aquí y ahora, casi pegada al mostrador para dominar la escena, me fijo un poco detenidamente en algún galán maduro y le sonrío. Son los que mejor bailan. A ver cuál se decide. El cabeceo me llega de aquel que está a la izquierda, un poco escondido detrás de la columna. Un tan delicado cabeceo que es como si estuviera apenas, levemente, poniéndole la oreja al propio hombro, escuchándolo. Me gusta. El hombre me gusta. Le sonrío con franqueza y solo entonces él se pone de pie y se acerca. No se puede pedir un exceso de arrojo. Ninguno aquí presente arriesgaría el rechazo cara a cara, ninguno está dispuesto a volver a su asiento despechado, bajo la mirada burlona de los otros. Éste sabe que me tiene y se me va arrimando, al tranco, y ya no me gusta tanto de cerca, con sus años y con esa displicencia.
La ética imperante no me permite hacerme la desentendida. Me pongo de pie, él me conduce a un ángulo de la pista un poco retirado y ahí ¡me habla! Y no como aquél, tiempo atrás, que solo habló para disculparse de no volver a dirigirme la palabra, porque yo acá vengo a bailar y no a dar charla, me dijo, y fue la última vez que abrió la boca. No. Este me hace un comentario general, es conmovedor. Me dice vio doña, cómo está la crisis, y yo digo que sí, que vi, la pucha que vi aunque no lo digo con estas palabras, me hago la fina, la Sonia: Sí señor, qué espanto, digo, pero él no me deja elaborar la idea porque ya me está agarrando fuerte para salir a bailar al siguiente compás. Este no me va a dejar ahogar, me consuelo, entregada, enmudecida.
Resulta un tango de la pura concentración, del entendimiento cósmico. Puedo hacer los ganchos como le vi hacer a la del vestido de crochet, la gordita que disfruta tanto, la que revolea tan bien sus bien torneadas pantorrillas que una olvida todo el resto de su opulenta anatomía. Bailo pensando en la gorda, en su vestido de crochet verde color esperanza, dicen, en su satisfacción al bailar, réplica o quizá reflejo de la satisfacción que habrá sentido al tejer; un vestido vasto para su vasto cuerpo y la felicidad de soñar con el momento en que ha de lucirlo, bailando. Yo no tejo, ni bailo tan bien como la gorda, aunque en este momento sí porque se dio el milagro.
Y cuando la pieza acaba y mi compañero me vuelve a comentar cómo está la crisis, yo lo escucho con unción, no contesto, le dejo espacio para añadir ¿Y vio el precio al que se fue el telo? Yo soy viudo y vivo con mis dos hijos. Antes podía pagarle a una dama el restaurante, y llevarla después al hotel. Ahora solo puedo preguntarle a la dama si posee departamento, y en zona céntrica. Porque a mí para un pollito y una botella de vino me alcanza.
Me acuerdo de esos pies que volaron los míos, de esas filigranas. Pienso en la gorda tan feliz con su hombre feliz, hasta se me despierta una sincera vocación por el tejido.
Departamento no tengo explico pero tengo pieza en una pensión muy bien ubicada, limpia. Y tengo platos, cubiertos, y dos copas verdes de cristal, de esas bien altas.
¿Verdes? Son para vino blanco. Blanco, sí. Lo siento, pero yo al vino blanco no se lo toco.
Y sin hacer ni una vuelta más, nos separamos.

(Argentina, 1938)
martes, 15 de noviembre de 2011
ACTO DE ENTREGA DE PREMIOS DEL QUINTO CONCURSO LITERARIO PROVINCIAL PARA ALUMNOS ADULTOS (EEMPA) 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
RESULTADOS 5º CONCURSO LITERARIO PROVINCIAL PARA ALUMNOS ADULTOS (E.E.M.P.A.) 2011

Aquí están los ganadores del Quinto Concurso Literario para Alumnos Adultos de Poesía y Cuento breve, edición 2011.
El jurado estuvo integrado por los profesores Clemir Bainotti, Rodrigo Granero y Adrián Benelli, quienes seleccionaron (entre los ciento once trabajos recibidos de más de treinta escuelas de toda la provincia) los siguientes trabajos para ser premiados:
Género Cuento Breve: 1er. premio para la obra “Exilio hacia el seguir del viento”, seudónimo “Benja”, autor: FABIO TRONCOSO, de la E.E.M.P.A. Nº 1251 “Emilio Cayetano Atorresi” de Carcarañá. 1ª Mención para la obra “El Negro Cucha”, seudónimo “Zingarella”, autora: GLADYS NOEMÍ GEROSA, de la E.E.M.P.A. Nº 1285 de Recreo. 2ª Mención para la obra “La confesión”, seudónimo “Abeja”, autores: SILVINA PAULA CALVO, ALEXIS NICOLÁS BERTHOLT y MARÍA GIMENA SCHNIDRIG, del Anexo Nuevo Torino de la E.E.M.P.A. Nº 1278 de Humboldt.
Género poesía: 1er. premio para la obra “Montañas y frío”, seudónimo “Luna”, autora: MARÍA ADELA SCHAMNE, exalumna de la E.E.M.P.A. Nº 1007 “Libertad” de Rafaela. 1ª Mención para la obra “Tristeza”, seudónimo “Doble R”, autor: RICARDO DANIEL SIERRA, de la E.E.M.P.A. Nº 1249 “Ricardo José García” de Correa. 2ª Mención para la obra “Un bisturí sobre la carta”, seudónimo “Benja”, autor: FABIO TRONCOSO, de la E.E.M.P.A. Nº 1251 “Emilio Cayetano Atorresi” de Carcarañá.
El acto de entrega de premios se realizará el próximo viernes 11 de noviembre de 2011 a las 20.30 en el establecimiento de la escuela organizadora, sito en calle Córdoba 306 (esquina Las Heras) de la ciudad de Rafaela.





